
La decisión de olvidar de olvidar puede ser fácil o no; si apenas tenias aprecio a aquello que quieres que quede atrás, lo vas a conseguir rápidamente, pero, como lo quieras más que a nada y aun que el motivo que te haya llevado a tomar esa decisión te haya hecho mucho daño, te costará.
Llegué a la conclusión de que el olvido es como una herida, el daño se hizo en un principio, todo estaba en carne viva, pero intentas superarlo y vas creando esa costra que va cubriendo el dolor, pero un día, empiezas a recordar, a toquetear ese escudo que tú mismo habías creado y te harás más daño a ti mismo destruyéndolo, quitandolo y volviendo a estar como al principio, en carne viva. Pero al final te darás cuenta de el error que ha cometido, que no mereció la pena volver atrás y serás fuerte y volverás a crearte esa capa que oculta el dolor hasta que notas que todo pasó y que ya no hay nada, un simple recuerdo, una simple marca, que sí, que está y trae recuerdos, pero ya sin hacer daño.
Y bueno, ya veis, de haber empezado hablando de lo que pienso cada mañana he terminado comparando el olvido con una herida. Y todo esto justifica lo que antes dije: un mínimo detalle puede cambiar algo por completo.